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Extraños Esqueletos Print

Abajo: Citoesqueletos de células endoteliales humanas brillan en color verde en esta micrografía inmunofluorescente. Los filamentos convergen en una estructura triangular que se asemeja a un domo geodésico -- un ejemplo de tensegridad.
Citoesqueletos
"El citoesqueleto percibe la gravedad -- o cualquier tipo de fuerza -- a través de proteínas especiales llamadas integrinas, las cuales se proyectan a través de la superficie de la membrana celular", explica Ingber. Dentro de la célula, las integrinas están conectadas al citoesqueleto. Por fuera, están unidas a un armazón conocido como matriz extracelular -- una estructura fibrosa a la cual se conectan las células de nuestro cuerpo.

Ingber y sus colegas han demostrando que cuando las integrinas se mueven, el citoesqueleto se endurece. Esto fue logrado mediante el revestimiento de pequeñas cuentas magnéticas, de una tamaño aproximado de 1 a 10 micrones, con  moléculas especiales que se unen a las integrinas. Las pequeñas esferas magnéticas fueron adosadas a las integrinas y luego se aplicó un campo magnético.

"Las cuentas giraron y trataron de alinearse con el campo, de la misma manera que la aguja de un compás lo haría con el campo magnético de la Tierra", explica Ingber. Las cuentas torcieron las integrinas y, como consecuencia, modificaron la estructura del citoesqueleto. A medida que se aplicaba más estrés, el citoesqueleto se volvía más y más duro. ¡De hecho, tan duro que las cuentas no pudieron ser rotadas más que unos pocos grados!

Darle un estirón a las integrinas no sólo provocó el endurecimiento del citoesqueleto, sino que también activo algunos genes. "Activar un gen" significa persuadir a un gen para  producir ARN (Acido Ribonucleico) y proteínas. Esto es importante porque las últimas son las encargadas de llevar a cabo la mayoría de las funciones celulares. En apariencia, estirando el citoesqueleto puede hacer que las células cambien de un programa genético a otro.

Antes del experimento con las cuentas magnéticas, el grupo de Ingber en Harvard ya había descubierto una relación entre la geometría de la célula y su comportamiento. En un experimento, células vivas fueron forzadas a tomar diferentes formas -- esférica o aplanada, cuadrada o redonda -- al ser colocadas sobre pequeñas islas pegajosas de matriz extracelular. Las células chatas y elongadas tendían a dividirse. Las células redondas y apretujadas tendían a morir.



 
"Presta atención a los mensajes de tu cuerpo. Si no lo haces, atraerá tu atención, tal vez mediante medidas extremas y dolorosas"
 

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