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La osteopatia y sus distintos campos de accion Print

La amplitud del M.R.P. es infinitamente pequeña, no pasa de 20 o 30 rnicrones; sin embargo, la mano la percibe muy bien. Ya sabemos la extraordinaria sensibilidad de los órganos sensores de nuestra mano, pero, además, el conjunto de los tejidos forma una de las palancas que amplifican el movimiento. El sacro se mueve al mismo ritmo que el cráneo, balanceándose entre los dos huesos ilíacos. Es un movimiento perfectamente sincronizado con el cráneo, con el cual está relacionado por el tubo constituido por la duramadre, que los anglosajones llaman core?link. La duramadre es inelástica, muy sólida. Por eso trasmite perfectamente bien el movimiento de una estructura a la otra. Encima, entre ambas estructuras, tenemos una relación de líquido, la fluctuación de] líquido cefalorraquídeo. Este movimiento cráneosacral este M.R.P. se traduce por una fluctuación del líquido cefalorraquídeo, secretado por diálisis del plasma sanguíneo a nivel de los plexos coroides ubicados en los ventrículos del cerebro. Son 150 mililitros.

Este volumen débil tiene una importancia considerable en la salud de la substancia nerviosa. El L.C.R. llena los ventrículos cerebrales, envuelve el cerebro, la médula espinal y la vaina de los nervios periféricos. Es un verdadero almohadón hidráulico entre el cerebro y la pared ósea, amortigua los golpes y protege así los 60 a 100.000 millones de células de la neuroglia y los 100.000 millones de millones de sinapsis. Su densidad, idéntica a la densidad de la sustancia cerebral, evita el aplastamiento contra la caja craneal en los choques. También tiene un rol de nutrición y eliminación. El L.C.R. transporta los elementos nutritivos de la sangre hasta las estructuras nerviosas, y en sentido contrario, elimina los desechos; circula en los ventrículos, recorre un camino sinuoso a través de pequeños orificios para encontrarse en un espacio ubicado entre el cerebro y la bóveda craneal. A este nivel, está reabsorbido por los agujeros de LUSCHKA.

El cerebro y la médula espinal poseen el movimiento propio que conocen muy bien los neuro?cirujanos, que deben convivir con él durante una operación sobre la médula espinal o el cerebro.

El cerebro y la médula espinal palpitan animados por este movimiento donde se mezclan tres ritmos: el ritmo del corazón, el de los pulmones y otro más lento que parece venir del cerebro mismo. Cada célula cerebral tiene un movimiento en dos tiempos, de flexión y de extensión, fase de hinchazón, de dilatación, luego fase de retracción.

El cerebro, por el movimiento de sus millones de millones de células, reproduce la onda pulsátil que resulta de estos múltiples micromovimientos. También existe una movilidad de las membranas intracraneales e intrarraquídeas, es decir, las membranas que están dentro del cráneo y de la columna vertebral.

Las membranas cerebrales son fascias tendidas dentro del cráneo y sirven para asegurar una buena repartición de las tensiones que se ejercen en la vida corriente, amortiguando los golpes, suspendiendo el cerebro en una hamaca cómoda y resistente. Muy poco elásticas, se les ha dado la denominación de membranas de tensión recíproca y van dispuestas de tal forma que toda tensión excesiva en un grupo de fibras se va a repartir inmediatamente para asegurar un nuevo equilibrio. Con estas tensiones va a jugar el osteópata por intermedio de las palancas óseas que son los huesos del cráneo.

Aunque es aparentemente imposible, podemos percibir el M.R.P. en cualquier parte del cuerpo, aún en órganos que no tienen ninguna relación directa con el cráneo, el sacro o las membranas de tensión recíproca.

¿Cómo puede transmitirse el M.R.P. fuera del sistema cráneosacral? Indudablemente, los responsables de la transmisión de este movimiento son las fascias.

¿Qué son las fascias? La noción de fascia fue ideada por STILL. Ellas pertenecen al grupo tisular más abundante del cuerpo humano, el tejido conjuntivo, y se encuentran en todas las estructuras del cuerpo. No es asombroso, pues, que toda movilidad a nivel del marco óseo semicerrado cráneo?sacral lleve la propagación de esta movilidad a todos los niveles del cuerpo humano por simple puesta en tensión de esta mecánica fascial. Veremos, más adelante, cómo funcionan estas fascias.



 
"Mediante un amplio estudio, he formado en mi cabeza una imagen perdurable de cada articulación en el esqueleto del cuerpo humano". A.T.Still
 

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