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Pueden producirse antes o después del parto. Las
de formación prenatal son especialmente severas por cuanto el mecanismo
deformativo empieza antes y crea mayores asimetrías y más difíciles de
corregir que las que aparecen en los lactantes de pocos meses. A su
favor tienen que, al aparecer ya neonatalmente, son más fácilmente
diagnosticables y mejores candidatas a ser sometidas a un buen programa
de reposición.
Los factores etiológicos implicados en la aparición prenatal incluyen
la posición fetal (presentación de nalgas, posición transversa), la
restricción del espacio intrauterino (embarazo múltiple, macrosomía,
fetos con cabezas grandes, pelvis maternas pequeñas, alteraciones de la
cantidad del líquido amniótico, miomas uterinos) y el encajamiento y el
expulsivo prolongados.
En caso de embarazo múltiple, el gemelo más afectado es el que ha
estado debajo del hermano, en la parte más baja del útero, durante el
último trimestre, siendo la deformidad por compresión de la cabeza
contra la pelvis materna (13-14).
La posición intrauterina (predominio de
presentaciones de vértice en posición occipito-iliaca izquierda
anterior) podría estar relacionada con la predominancia de
plagiocefalias del lado derecho que aparecen reflejadas en la mayoría
de estudios. Cuando el feto baja hacia la pelvis ve limitado el
crecimiento del occipucio derecho, comprimido contra el hueso pélvico,
y del área frontal izquierda, comprimida contra la espina lumbosacra.
Esta asimetría puede empeorar postnatalmente ya que el neonato prefiere
el lado más aplanado para dormir (7,15).
Las deformidades postnatales, mucho más numerosas,
son debidas a causas constantes en todos los lactantes afectos: la
mayoría de ellos han dormido siempre o desde los pocos días o semanas
de la vida en posición invariable de decúbito supino prolongado con el
giro de la cabeza siempre hacia el mismo lado (causa de la
plagiocefalia) o siempre hacia arriba (causa de la braquicefalia). Muy
pocos bebés que presentan deformidades craneales duermen siempre sobre
el mismo lado del cuerpo y, por tanto, también de la cabeza.
La presencia del tortícolis muscular congénito junto
a una posición inveterada de descanso pertinaz hacia el lado preferido
es una combinación muy habitual, prácticamente la norma. Si bien
los tortícolis musculares congénitos tipo I (con presencia de
tumoración dentro del músculo esternocleidomastoideo) y II (tirantez
fibrosa del mismo músculo) preceden y acompañan la formación y el
agravamiento del aplanamiento de las plagiocefalias, en la mayoría de
ocasiones encontramos plagiocefalias asociadas a tortícolis musculares
congénitos tipo III (con músculo blando, suave, no tirante y libre de
masas) y todavía desconocemos si la limitación de giro y lateralidad en
éstos casos es previa o secundaria a la deformidad.
Para algunos, ambas anomalías podrían ser congénitas puesto que las
restricciones intrauterinas pueden producir una deformidad directa del
cráneo y dar lugar simultáneamente a un acortamiento asimétrico de los
músculos del cuello (7).
Cheng describe que el 90% de los tortícolis musculares congénitos se
acompañan de asimetrías craneofaciales de diversos grados (65% de grado
medio, 23,4 % de grado moderado y 11,6% de grado severo) (16) y según
McMaster el 86% de las escoliosis idiopáticas del lactante presentan
algún tipo de plagiocefalia (17).
La hipotonía, la parálisis cerebral infantil, los
cuadros neurológicos graves, las estancias prolongadas en unidades de
cuidados intensivos neonatalas y la colocación de expansores tisulares
subgaleales en lactantes pequeños son factores de riesgo para la
formación de plagiocefalias por presión.
En relación al sexo, existe un predominio del varón
en las plagiocefalias posturales que se atribuye al hecho que los niños
tienden a ser menos activos y estar más hipotónicos que las niñas en
los primeros meses de vida (7).
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