| No soy paciente |
| Escrito por Maria Jose Nuñez Prado |
|
No conozco a mi médico de familia y no se cual es mi centro de Salud, hace 10 años que no voy y espero estar otros tantos sin volver. Estoy sana y no voy al Centro de Salud, porque ¿acaso hay algo más irónico que un centro de Salud? Un edificio repletito de salas de espera abarrotadas de gente enferma. Claro que si los llamaran Centro de Enfermedad, no sería tan sugerente y la gente acudiría menos. Estos centros solo encierran una verdad, las salas de espera, donde el paciente (persona que padece física y corporalmente, y especialmente quien se halla bajo atención médica o bien persona que es o va a ser reconocida medicamente, definición de la RAE) espera como un animal en el matadero a sus 5 minutos de gloria en la consulta del doctor, espera pacientemente, lo que sea necesario, sin miramientos, para ser recibido por su médico, que, parapetado tras su escritorio, como si de un burladero se tratara, le escucha y le facilita la receta de turno, un cóctel de antiinflamatorios, analgésicos, protector gástrico, relajantes musculares, antibióticos o ansiolíticos…en función de lo que le cuenta el paciente, de ahí la prohibición de comentar síntomas, para que no se copien, aunque bien mirado, podían hacer una puesta en común de los males y dolencias, una especie de síntesis dolencial, elegir a uno solo de los pacientes, el más experimentado o el mas enfermo y que fuera ese el representante de los demás, y que fuera solo él el que expusiera al medico la dolencia común y recibiera una receta, de la que luego harían fotocopias en la misma sala de espera, podrían instalar una maquina y así se conseguiría reducir el gasto, no el farmacológico, pero si el de recetas, a la par que recaudar y ahorrar papel al centro de salud. Y esta es la historia, el paciente, que aleccionado por la sociedad, reconoce los riesgos de la automedicación, acude al centro de salud, espera, es atendido brevemente y consigue su nueva receta, y con ella bajo el brazo se dirige a la farmacia con la vaga esperanza de que esta vez sí, lo recetado sea la solución a sus males…por eso no voy al centro de Salud, porque digo NO A LAS DROGAS |
Soy fisioterapeuta, trabaje en geriatría y educación especial y allí desarrolle una paciencia infinita con mis pacientes. Soy paciente con mis pacientes, pero no soy paciente de nadie. Parece un trabalenguas. Donde menos paciente soy es donde se espera que haga gala de ello, es decir, en las salas de espera, esos cubículos del demonio, donde se obliga a los enfermos a realizar largas esperas, prohibiéndoles incluso comentar sus dolencias con otros pacientes (juro que leí un cartel que rezaba eso en un centro de salud en Madrid) y donde expuestos a los virus de otros, aguantan el tiempo que les echen con tal de ser “vistos” por su médico.




