¿Sonríes o enseñas los dientes?
Escrito por Maria Jose Nuñez Prado   

El siglo XXI, es el siglo de la estética dental, todo el mundo quiere tener la sonrisa “profident”. La posición, el color, la forma, el tamaño irregular de los dientes perturba a la población influenciada por la publicidad. No estoy hablando de higiene y salud dental, estoy hablando de la obsesión por conseguir la sonrisa de Tom Cruise, hablo de someterse a tratamientos de estética dental, caros y arduos para “embellecer” su sonrisa. ¿Pero es ese el camino hacia la sonrisa perfecta?

El otro día leyendo un libro que se llama “La curación emocional” descubrí algo interesante. En el libro se explica que cuando sonreímos de verdad, no solo participan los músculos de alrededor de la boca, sino que nuestro cerebro activa de manera involuntaria e inconsciente determinados músculos de los ojos, y además de “enseñar los dientes” sonreímos con los ojos, y es la implicación de los ojos, lo que marca la diferencia entre una sonrisa calida, afectuosa y sincera respecto de una exhibición dental. Y lo mejor de todo, es que el receptor de la sonrisa, de manera inconsciente e intuitiva, capta esta actividad de los músculos de los ojos o la ausencia de la misma, discriminando de manera automática una sonrisa autentica de una sonrisa de palo. ¿Curioso verdad? Tras la lectura decidí no forzar nunca más una sonrisa, porque si es forzada, el que la recibe, la percibe como falsa y es un esfuerzo vano. Mirad fotografías con atención, fijaros en la mirada de la gente y luego en sus bocas y se diferencia ostensiblemente quien sonríe y quien enseña el colmillo, con rabia, desgana, apatía, falsedad...

De lo que se desprende también, que deberíamos preocuparnos mas de sonreír con los ojos y no tanto de lucir unos dientes esplendidos, blancos nucleares y perfectamente alineados, falsos como un euro de madera, porque perdemos las diferencias, los pequeños detalles que hacen de nuestra sonrisa un gesto único e irrepetible, ese diente ligeramente roto, ese colmillo retorcidillo, esa sobriedad y señorío del diente del Cuñao (Dios lo tenga en su gloria) son nuestro sello de identidad, no nos diluyamos en la masa.