Un viernes cualquiera... un viernes de lujo
Escrito por Maria Jose Nuñez Prado   

Hoy me he dado el día libre, lujos de ser una autónoma en extinción, no todos los viernes puedo, pero hoy es un viernes de esos, de los de disfrutar el pasar del día sin hacer nada especial, sin obligaciones, parece fácil, pero yo lucho contra una voz en mi interior que me dice "estudia", "ve a la piscina", "revisa el curso X", "depílate"... es una voz necesaria, siempre me acompaña, a veces creo que estoy neurótica, porque la oigo realmente como un ser diferenciado y superior porque siempre cree saber lo que me conviene... y no siempre es así.

Hoy le he dado esquinazo al levantarme y estoy dedicando el día a vaguear, un poco, que es súper sano , algo que recomiendo yo misma a mis pacientes…y que mi novio recomienda también a mí, el placer de perder el tiempo, el arte del aburrimiento, de nuevo parece fácil, pero no lo es, porque yo solo pienso en optimizar el tiempo al máximo, orgullosa de ser mujer multitarea, encadeno un compromiso con otro, una actividad con otra, sin cesar…hasta una mañana como hoy, en que rompo con todo, acallo la voz, destierro el reloj. Soy dueña de mi tiempo, no tengo compromisos, no tengo obligación, todo placer, así que me he levantado pronto (solo para poder aburrirme más tiempo) y he quedado con un amigo en Atocha para tomar café, en la antesala de su tren y es curioso la cantidad de gente que se agolpa alrededor de una charca artificial de la estación llena de tortugas, parecían las típicas tortugas domesticas que te regalan de pequeñas y que cuando crecen o conviertes tu bañera en Faunia o la dejas libre discretamente en El Retiro para que luche con las carpas o en Atocha para que deleite al respetable. Es como cuando la gente se queda embobada mirando una pecera, pues igual, la gente simplemente estaba allí, viendo las tortugas aburrirse y vegetar, reconozco que me he quedado un rato camuflada entre ellos, mimetizando su comportamiento, abrigada por la masa contemplativa. Luego mi amigo llegó y tomamos café. Yo quería despedirle en el andén, agitando un pañuelo, pero debido a las absurdas medidas de seguridad del AVE, me he tenido que conformar con decirle adiós al lado del típico segurata apático.

En fin, sin pretender planear nada, me he encontrado cogiendo un bus y visitando a una de mis hermanas, que trabaja en un centro de adelgazamiento, y me he llevado dos alegrías, una, ver a mi querida hermana por supuesto y otra certificar que he adelgazado 800 gr, FIESTON, volviendo a casa feliz, me he permitido el lujo de regalarme un geranio, rojo, florido para mis ventanas, y escribo tomándome un aperitivo... ¿se puede pedir más? Si... esta noche voy al teatro a ver a Nancho Novo, haciendo el cavernicola... un viernes así devuelve la alegría de vivir.

Soy especialista en apreciar estos pequeños lujos al alcance de cualquiera, el lujo de derrochar el tiempo, el lujo de no tener una plan concreto, el lujo de pasear libre un viernes por la mañana, el lujo de simplemente estar, pasear, observar... Creo siempre he sido experta en esto, si bien cada día soy más consciente de serlo y es una especie de círculo vicioso, que se retroalimenta y cuanto más consciente soy más me descubro apreciándolos y saboreándolos, y cuando más los saboreo mas tomo conciencia de su importancia y mas los busco en el día a día. Es posible que los disfrute tanto porque también son escaso, como autónoma en extinción trabajo mucho, pero todo me compensa cuando me concedo un viernes de lujo como el de hoy.